5.4.17

Me empeliculaste

El pasado domingo, en una caseta telefónica roja (de esas como en una calle londinense), ubicada dentro de un centro comercial llamado Unicentro en la ciudad de Medellín, hallé una hoja con un texto cuyo título dice "Frenesí de amor" y contiene un poema de Raúl Gómez Jattin, el cual tiene por nombre "Casi obsceno"; fueron instantes, recuerdo, muy absorbentes al empezar a leer tamaño contenido y digo tamaño no por la cantidad de palabras que pudieras encontrar sino por la capacidad que tuvo en ese preciso momento de envolverme completamente esa noche del pasado domingo, inolvidable ahora ya.

Quiero que sepan que no leo poemas, no quiero dármela de sabelón, ni explicarles el contenido; pero siento una necesidad de hacer un esfuerzo en este post para entender lo que le pasó en la cabeza a Raúl Gómez Jattin, ¿qué vivió? ¿qué hizo? ¿qué no hizo? ¿quién fue la mujer que lo inspiró? ¿dejó de verla? etc. 

Son interrogantes, las cuales no tengo las respuestas y quisiera tenerlas! 

Dice:
"Si quisiera oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa..."

Quisiera creer que estuvo tan cerca de aquella mujer, que alcanzó ver sus mejillas (sonreír), en un día muy muy claro, tal vez soleado, quisiera creer que se encontraron, que conversaron, que para ella fueron minutos, pero para él horas, meses y años.

Dice:
"...Son palabras tan íntimas como mi propia carne 
que padece el dolor de tu implacable recuerdo..."

Menciona "implacable recuerdo" ¿acaso ya no la volvió a ver? ¿nunca? ¿no se lo permitió? ¿no quiso? Espero que haya tenido forma de saber dónde buscarla, sino debió de ser muy terrible el dolor de saber que no tiene cómo; pero quiero creer que sí y llegó a ser un recuerdo muy muy bonito guardado en su corazón.

Dice:
"...Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado..."

Es el éxtasis mismo haber leído esta frase, me atrevería decir que nunca intimaron, me atrevería a decir que sí se besaron y fruto de ese beso despertó lo mejor de él.

Dice:
"No soy malvado, trato de enamorarte
Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar,
pero siempre muere en él."

El poema termina aquí, con el último recurso de alguien desesperado por volver a ver aquella mujer, dándole su sinceridad (defecto o virtud para alguno de nosotros); alguien cuyo deseo es prohibido, pero que no puede contenerlo, porque terminará como tiene que terminar, expresa él en su aliento final.

(Imagen propia, tomada un domingo 02/04/2017 a las 20:00 horas)